Hola a todos. Hoy he descubierto la sensación esa que me habían dicho muchas veces cuando era residente y no me terminaba de creer: "ya verás el vértigo que da cuando estás en el quirófano, y al mirar hacia atrás, ves que el que más sabes de algo eres tú...".
Hoy al llegar al hospital me entero de que me han añadido al parte de quirófano previsto un clavo de fémur en un chico de 40 años (ya de por sí complicado porque una está acostumbrada al hueso blandito de las abuelitas y el hueso de los jovenzuelos es bastante más duro). Además, el clavo no era el que yo estaba acostumbrada a poner en el clínico. Bueno, no pasa nada, tenemos libro de instrucciones (como programar la radio...).
Después de reducir la fractura y pasar la guía, que se vuelva a salir y tener que volver a reducir... (vamos, lo típico de cualquier cirugía de fracturas) elegir el diámetro del clavo. Pues al final hemos pasado un clavo que ha entrado dándole más martillazos que si hubiese querido tirar una pared.
Cuando hemos terminado, después de 3 horas de entretenimiento con el mandil de plomo encima y un collar también de plomo para evitarsse las radiaciones, estaba como si acabase de salir de la piscina; el pijama de quirófano, y hassta el pelo lo tenía mojado.
Pero bueno, cuando miro atrás, me siento muy contenta de ver que, a pesar de las dificultades, poco a poco, voy siendo capaz de salir de ellas. Y también de ver que, aunque yo no me lo creía cuando me lo decían en junio, sé más cosas de las que creo.
Bueno, otro día os contaremos más cosas