Fue un día muy especial y emotivo. Estaban muy nerviosos, como unos novios primerizos, y es que hay que tener en cuenta que casarse es una cosa muy seria. Eso sí estaban la mar de sonrientes. La verdad es que resultó muy emotivo ver que 50 años después, confirman que se siguen queriendo como el primer día; da una envidia sana y cierta sensación de vértigo pensando si seremos nosotros capaces de llegar a tanto.
Fue una celebración muy familiar con mi hermana Juli, Manuel (que ejerció de orgulloso padrino de Pichí) y yo y los padres de Manuel.
Y después de la celebración religiosa, llegó, como en toda boda que se precie, un buen banquete cargado de sorpresas. Hubo momentos románticos y picarones (con el típico que se besen que se besen, y vaya si se besaron!!!). Ahí va el documento gráfico.
Había que hacerles un buen regalo y les tocó un bonito viaje a Galicia como luna de miel. Esta es la cara que se les quedó al ver los billetes.
Fue una noche especial que tuvo su continuación al día siguiente en la fiesta de la rondalla. Nuestros padres disfrutaron de todo el fin de semana; se lo pasaron a lo grande y lo importante es que pudimos compartirlo con ellos.